Guillermo Lasso Mendoza Presidente de Ecuador

Al club de los candidatos tenaces que, tras reiterados intentos, alcanzan por fin la Presidencia en América Latina se ha unido en 2021 el ecuatoriano Guillermo Lasso, candidato del movimiento Creando Oportunidades (CREO). La llegada al Palacio de Carondelet de este ex banquero adherido a posiciones liberales conservadoras roza además lo inverosímil, considerando el sorprendente desarrollo del proceso electoral.

Así, en la primera vuelta del 7 de febrero Lasso se vio ampliamente superado por el izquierdista Andrés Arauz, postulante del movimiento Fuerza Compromiso Social (FCS) y la coalición Unión por la Esperanza (UNES), al que fueron el 32,72% de los votos, y empató técnicamente con Yaku Pérez, del movimiento progresista indígena Pachakutik, en la cuota del 19%, aunque con una ligerísima ventaja provisional para Pérez. El 21 de febrero el Consejo Nacional Electoral, luego de fracasar un acuerdo de revisión parcial de actas por la retractación de Lasso, adjudicó al candidato de CREO el derecho a disputar la segunda vuelta con el 19,74% de los sufragios, en términos absolutos solo 32.115 papeletas más que Pérez, quien denunció fraude. Al final, Lasso, protagonizando otra remontada gracias a un uso de los recursos de campaña (restringidos por la COVID-19 y concentrados en las redes sociales) con mayor penetración proselitista, dio la campanada en el balotaje del 11 de abril y le ganó la partida a Arauz, representante del campo político del ex presidente (2007-2017) Rafael Correa. Su 52,36% de los votos le habilitó para colocarse la banda presidencial el 24 de mayo.

Guillermo Lasso Mendoza

El presidente constitucional de Ecuador para el período 2021-2025 es un veterano ejecutivo de la banca privada y financiero guayaquileño con una corta experiencia en el servicio de Estado durante las administraciones de Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez. Exponente del hombre de negocios de la región de la Costa, pródiga en emprendimiento y actividad comercial, Lasso se erigió en firme detractor de la Revolución Ciudadana y el Socialismo del Siglo XXI, las banderas del presidente Correa y su Alianza PAIS, a quienes contrapuso un proyecto reformista liberal para Ecuador. Sus dos primeros intentos de ser elegido presidente y pasarle página al Gobierno «autoritario y populista» instalado en 2007 no prosperaron: en 2013, como candidato de Unidos por el Ecuador, sucumbió ante un arrollador Correa en la primera vuelta, mientras que en 2017, al frente de la Alianza por el Cambio, aglutinada de nuevo por su movimiento CREO, perdió en una enconada segunda vuelta contra el hoy mandatario saliente, Lenín Moreno, derrota que impugnó en vano.

Para su envite de 2021, planteado en un escenario nacional cambiado y repleto de dificultades, el que fuera durante 18 años jefe ejecutivo del Banco Guayaquil se alió exclusivamente con el Partido Social Cristiano (PSC) de Jaime Nebot, es decir, el centro-derecha tradicional, y presentó un plan de Gobierno que no difiere sustancialmente de sus programas electorales de 2013 y 2017, más allá de la adecuación a las delicadas circunstancias del momento. Lasso se mantiene fiel a su credo de marcado corte liberal, convencido de que la clave para generar riqueza y empleo reside en «liberar» las fuerzas creativas y las energías productivas de los emprendedores privados y la ciudadanía en general. Para él, de los cuatro componentes de la demanda agregada, son la inversión, tanto nacional como extranjera, y las exportaciones los que deben ejercer el tirón fundamental del PIB. La economía se contrajo en 2020 un histórico 7,8% por efectos de la pandemia, y sus dos décadas de dolarización, para lo bueno y para lo malo (Lasso se queda con los aspectos positivos, que son la estabilidad cambiaria y la baja inflación, aunque por otro lado Ecuador ya no puede recurrir a la política monetaria y solo dispone de la fiscal), es a todas luces irreversible. Lasso, al contrario que Arauz, quien prometió un bono de 1.000 dólares a un millón de familias golpeadas por la crisis como parte de un programa antitético, no incide en el gasto público del Gobierno, el cual desea «reorientar con calidad», achicando de paso los desmedidos déficit y endeudamiento del Estado. Para «romper las cadenas de la pobreza», arguye, hay que «emprender».

Dentro de su estrategia pro libre mercado, el presidente electo quiere bajar y simplificar los impuestosfacilitar los microcréditos para la apertura de negocios, aligerar requisitos legales («tramitomanía improductiva que trunca el desarrollo productivo», se queja) y avanzar hacia el Gobierno digital. Mucho de los objetivos del crecimiento a medio-largo plazo los fía a la apertura de nuevos mercados para las exportaciones diversificadas de Ecuador, añadiendo al TLC con la Unión Europea nuevos instrumentos comerciales con los socios de la Alianza del Pacífico -del que Quito aspira a ser miembro-, amén de Estados Unidos, China, Corea del Sur, India y otros países de fuera de la región. Se propone focalizar los subsidios energéticos «solo para los pobres», asegura que no tocará el IVA y ve factible crear dos millones de empleos en cuatro años (en 2017 ofreció un millón). La subida del IVA es el único aspecto que Lasso no admite del acuerdo suscrito por el Gobierno de Moreno con el FMI para inyectar en la descalabrada balanza de pagos ecuatoriana 6.500 millones de dólares en préstamos a cambio de reformas estructurales, cuya implementación augura conflictividad social. Moreno lega también a Lasso una quita y un reescalonamiento, negociados con los tenedores de bonos, de las amortizaciones y los pagos de intereses de la deuda soberana, obligaciones que asfixian a la hacienda pública.

Otro capítulo importante del programa de CREO es el compromiso de «establecer una plena democracia regida por el Estado de Derecho, donde funcionen las instituciones y se respete la libertad». Lasso menciona aquí la independencia judicial, la seguridad jurídica y el «cáncer de la corrupción», a extirpar con «medidas radicales». No falta en el plan, junto al económico y el institucional, un «eje social», donde la promesa estrella es subir el salario base de los 400 a los 500 dólares. El documento habla de modernizar los sistemas educativo y sanitario, además de administrar mejor la riqueza petrolera, de perseguir la minería ilegal y de robustecer la Policía Nacional para actuar con «mano de hierro» contra los criminales comunes. En cuanto a la campaña de vacunación contra la COVID, pandemia que hasta la fecha ha dejado en el país sudamericano 360.000 casos y cerca de 18.000 muertos, Lasso asegura la inyección gratuita para nueve de los 17 millones de ecuatorianos en los 100 primeros días de Gobierno. El nuevo presidente, católico devoto y supernumerario del Opus Dei, pasa de puntillas sobre los temas del aborto, prohibido por la legislación ecuatoriana en la mayor parte de los supuestos, y el matrimonio igualitario, reconocido por vía constitucional en 2019. Ya son conocidas sus posturas pro vida y su aceptación de las uniones de hecho.

Los medios internacionales destacan que la elección de Lasso en Ecuador interrumpe la secuencia de triunfos de la izquierda en América Latina, iniciada por el peronista Alberto Fernández en Argentina en 2019 y continuada por el socialista Luis Arce en Bolivia en 2020, luego de años de fracasos electorales y grandes reveses políticos para el bloque bolivariano y el llamado eje progresista del hemisferio.

En Ecuador, el viraje de modelo que Lasso supone es de hecho menos marcado porque Moreno ya rompió, y drásticamente, con el ideario del correísmo y muchas de sus políticas. Moreno, quien se despide de la Presidencia con unos índices de aprobación ínfimos, sacó a Ecuador del ALBA y de UNASUR, destapó los números rojos de la gestión económica, criticó los abusos represivos del anterior Gobierno e hizo aprobar una enmienda constitucional, revocando la posibilidad de las reelecciones populares indefinidas e inhabilitando a los reos de corrupción, para desbaratar los planes de su predecesor de retornar al poder. Desde Bélgica, Correa llamó «traidor» al que fuera su vicepresidente y trasladó su plataforma de la Revolución Ciudadana a otros vehículos partidistas fieles, a cuyo frente se situó su ex ministro Arauz. Con esta fractura total, la Alianza PAIS pasó a ser un partido vagamente centrista sin perspectivas de futuro -su candidata, Ximena Peña, ha quedado ahora en un remoto noveno lugar con menos del 2% de los votos- y Moreno, en su intento de paliar el estropicio económico, se inclinó por un tratamiento liberal de la crisis que con Lasso, adalid del «cambio verdadero», se va a profundizar.

Tras conocer su victoria electoral, asumida con deportividad por Arauz, Lasso ha lanzado los tópicos mensajes de conciliación y unidad, y ha afirmado que «la persecución se ha terminado en Ecuador». Su debilidad en la Asamblea Nacional, donde CREO (que pasa a ser la quinta fuerza, cuando en la anterior legislatura la Alianza por el Cambio fue la segunda) y el PSC solo suman 31 diputados frente a los 48 de UNES/FCS, le obliga a buscar apoyos transversales en el arco político no correísta. Completan el mismo el Pachakutik, que sigue enfadado por lo sucedido a su candidato Yaku Pérez, la Izquierda Democrática de Xavier Hervás y un ramillete de formaciones menores.

Texto: Roberto Ortiz de Zárate

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